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Entre
1823, cuando el presidente James Monroe enunció
la doctrina que lleva su nombre, y 1852, Estados
Unidos sufrió una transformación fundamental.
Fue
la era del Destino Manifiesto, esa convicción
fuertemente arraigada entre los norteamericanos
de aquella época de que la expansión de sus fronteras
hasta las costas del Pacífico era un mandato divino,
aunque ello significara apropiarse por la fuerza
del territorio de una nación vecina.
Su
consecuencia fue la anexión de Texas (1845) y
la guerra con México (1846-1848). Esta guerra,
no sólo le significó a México la pérdida de la
mitad de su territorio sino que también marcó
el nacimiento de Estados Unidos como una republica
imperial. Un argentino fue testigo presencial
de este fenómeno: el general Carlos de Alvear,
embajador de la Confederación Argentina en Washington
desde 1838 hasta su muerte en 1852.
”De
la Doctrina Monroe al Destino Manifiesto" presenta
por primera vez la visión de Alvear sobre el nacimiento
de la república imperial y la conecta con los eventos
internacionales que signaron el gobierno de Juan
Manuel de Rosas. |